lunes, 23 de febrero de 2015

El Hobbit: La batalla de los cinco Ejércitos

Al acabar de ver “El Hobbit: La batalla de los cinco Ejércitos” a uno le asalta el recuerdo que esta trilogía estaba pensada en principio para explicarse en sólo dos películas, y el mejor para todos es que se hubiera quedado así. Parece que a Peter Jackson le ha podido su pasión por Tolkien y le ha hecho perder el camino correcto.

 Con el Señor de los anillo se tiró a la aventura de un proyecto que muchos consideraban irrealizable y salió exitoso, consiguió hacer las tres películas que forman “El señor de los anillos” trayendo toda la épica de la historia y consiguiendo que nos interesáramos por la vida de los muchos y variados personajes que salían en ella, pero esto no se ha conseguido con “El Hobbit”. En este caso las, apenas, 300 páginas del libro no se tendrían que haber estirado para intentar rellenar 3 películas, a veces recurriendo a otros escritos del mismo autor y otras a invenciones de Jackson, y dentro de esta categoría es especialmente desafortunada la poco creíble historia de amor entra la elfa Tauriel y el enano Kili. Para tener que estirar la historia, esta se estructura de forma poco habilidosa: el final de la segunda entrega era un anticlímax que dejaba un poco frío al espectador, y esta tercera parte es poco más que una escena de lucha detrás otra con un hilo conductor difuso. Los trece enanos que acompañan al protagonista, aunque se hayan esforzado mucho a caracterizarlos físicamente de manera muy diferente, casi nunca llegan a tener una personalidad propia y desarrollan un rol bastante plano. La excepción, como las anteriores películas, sería el orgulloso Thorin Escuderoble a quien Richard Armitage intenta dar esta obsesión en la cual caen varios personajes de Tolkien al irse corrompiendo, pero que no deja de ser una cosa previsible.

 Leído esto dará la sensación que todo es negativo y tampoco hay que ser tan estricto. La adaptación técnicamente es digna de aplauso. La representación de todos los detalles del ideario de Tolkien nos traen de viaje a un mundo fantástico. La película posee una fotografía impresionante y un diseño de producción abrumador. Los efectos especiales no hacen sino enfatizar la ambientación, se hacen invisibles aunque los tengamos delante y consiguen esta magia del cine, hacernos creer en el imposible, ya sean espectros o dragones. La banda sonora de Howard Shore, como ya hizo en “El Señor de los anillos”, nos rodea y enmarca los mejores momentos. La interpretación de Bilbo Bolson del siempre magnífico Martin Freeman hace que empaticemos inmediatamente con él, con el personaje de origen totalmente mundano que se encuentra frente a lo fantástico, sintiendo como nosotras la fascinación y el temor en partes iguales. Suyas son las mejores escenas y ya estaría bien que tuviera algo más de papel.


 ¿Entonces que falla a “El Hobbit: La batalla de los cinco Ejércitos”? Peter Jackson ha querido filmar todo el que le pasaba por la mente y no ha querido cortar lo que sobraba, lo cual le ha llevado a hacer tres partes de la película cuando habría bastado con dos. En la tercera parte ha tenido que mostrar la gran batalla final que no puede funcionar como película independiente y hace que su visionado sea más un trámite que un placer para completar la historia del Hobbit.

No hay comentarios:

Publicar un comentario